Veo, veo. ¿Qué ves? Una cosita. ¿Y qué cosita es? Un hotel que empieza por la
Iniciamos una nueva sección en este Foro que pretende analizar lo que vemos, solo aquello que vemos. Es, según una encuesta realizada en el marco de las Jornadas de Jávea, el sentido más valorado por la clientela de los hoteles que han participado en esta experiencia.
La vista nos aportará un elemento de reflexión. ¿Qué significa ser distinto, competir por ser distinto? ¿Estamos seguros de marcar diferencias cuando decimos que todas las habitaciones de tal o cual hotel han sido decoradas con su propia personalidad? ¿Nos gusta lo que vemos? O, ¿en qué medida nos disgusta?
La sección quiere abrir el debate sobre eso que vemos, nos guste o no. Para abrir los comentarios, nuestro arquitecto de cámara, Jesús Castillo Oli, autor de La Ruina Habitada, transmitirá su impresión personal acerca de unas imágenes de hoteles que no serán de ningún modo identificados. Así no heriremos a nadie , pero sí le invitaremos a repensar su hotel.
A jugar !
Un completo de rusticidad
Jesús Castillo Oli, arquitecto: La habitación responde plenamente al modelo neorural. A destacar las camas de hierro forjado (de imitación claro), la bonita lámpara de mesa de hierro forjado (nuevamente de imitación), el solado de gres colocado a cartabón con junta de un centímetro de cemento, el forjado de vigueta de madera y revoltón, la carpintería de madera con cuarterones (echo de menos el visillo de la abuela) Los muebles, sin embargo, sí que mantienen el cojincito y el paño como Dios (o la abuela) manda. Y las colchas-jarapas, como siempre, aportando esa interesante nota de color. Al fin, la tecnología… Una pantalla de plasma que te crió de frente a la cama. O sea, un completo de rusticidad con toda su piedra vista.”


Este éxito no esconde la realidad mezquina de quienes creen que compartir el conocimiento es sentar a comer al enemigo en casa. No diré sus nombres, pero altos empresarios de la cosa también los hubo aquellos días. A su entender, la Arquitectura de los Sentidos sólo tiene sentido cuando beneficia únicamente su negocio. Viven en la inopia, les digo. Ilusos y poco avezados en la comprensión de esta época en que viven, se imaginan un mundo aún feudal en el que el señor de la guerra domina su castillo y los labrantíos a su alrededor. Ni se imaginan que, adentrados en el siglo XXI, habrán de ejercitarse -lo quieran o no- en los intríngulis de la sociedad del conocimiento, donde compartir la tecnología, el saber y las ventajas que ésta proporciona favorece el crecimiento de sus empresas y las prestaciones de los equipos humanos que las trabajan.
