
Las genialidades surgen aisladamente, y muy pocas veces en parejas; creo sinceramente que La Ruina Habitada y Les Cols son dos genialidades de arquitectura de los sentidos. O sin los sentidos. Son conceptos únicos, pero no me gustaría estar encontrando ruinas habitadas y hoteles Les Cols por todos los rincones de este país o fuera de este país. Y creo que es lo que puede empezar a pasar si la única consecuencia que sacamos de las reuniones de la Ruina es hacer un nuevo hotel que tiene que ser más novedoso que ningún otro.
No se trata de empezar la carrera de a ver quién hace el hotel de los sentidos más espectacular y, paso a paso, caer en la extravagancia más absurda, pues si Les Cols es una genialidad, el Aire de Bardenas con todos mis respetos no lo es. ¿Dónde esta la línea entre una cosa y otra?
Supongo que en el trato, en el servicio, en los pequeños detalles únicos, en el buen funcionamiento de toda la parte mecánica y tecnológica del hotel, pero sobre todo el espíritu y personalidad que imprimen los que dirigen y trabajan en el hotel.
En un sistema tan competitivo como éste, el ser único es una ventaja enorme, y ser el hotel al que hay que ir esté donde esté, es todavía mejor. Estoy de acuerdo en que para ser único el hotel ha de ser que no lo tenga nadie, y ello se consigue con conceptos nuevos y con nuevas tecnologías en materiales y diseños. Esto desemboca en nuevas ideas que salen de muchas reuniones como las de la Ruina, o fruto de alguna genialidad individual. Pero esto no significa que al hotelero o empresario le vaya a garantizar tal ventaja durante mucho tiempo, pues siempre habrá alguien más innovador y más espectacular. Y ya estamos otra vez en el principio.
Hablamos de arquitectura de los sentidos en un sentido tan amplio que sirve para todo. Y lo mismo tiene que encajar en un paisaje desértico que en una selva tropical, como si la arquitectura fuese ajena a la naturaleza y al ambiente que la rodea. Se puede hacer arquitectura tradicional donde el ambiente y el paisaje lo necesite, y proponer una arquitectura de los sentidos con otras formas distintas. Y ahora, para aumentar el espectro conceptual y rematar la faena, nos vamos a la Arquitectura de la Nada Pues lo tenemos claro. Si ya tenía la idea de hacer un hotel de los sentidos, creo que voy a cambiar: es mucho más impactante la Arquitectura de la Nada. Por lo menos, los medios de comunicación van a flipar, y me garantiza que estaré en ellos durante una buena temporada, suficiente para amortizar y amasar una fortunita que me permita afrontar el próximo paso hacia la Arquitectura de la
No llevo mucho tiempo en este negocio de la hostelería. Quince años no es nada, y no puedo presumir de saberlo todo, pero a base de aciertos y desaciertos he ido comprobando ciertas pautas que el cliente busca, y no olvidemos que nuestros hoteles sin los clientes no son más que cascarones vacíos por mucho diseño o arquitectura que tenga. Y tales pautas son ancestrales: reconocimiento, atención, mimo, que atiendas sus pequeñas manías y que le hagas caso. Y si a todo esto le añades paisaje, arquitectura, diseño, tecnología y un mono con un tambor pues la Biblia en pasta.
Pero no olvidemos que para conseguir la primera parte se necesitan personas humanas (como dice algún colega) con educación, preparación, estilo y buen hacer. Y me barrunto por experiencia que esto es más difícil conseguir que la segunda parte.
Genialidades surgen de vez en cuando y aprovechando el tirón una pléyade de arquitectos se pondrá a diseñar hoteles geniales, grandes o pequeños, y esto se convertirá en los pabellones de ferias y exposiciones de nuestra hostelería. Ya he oído en el mundillo de la pequeña hostelería decir: yo quiero un hotel como Les Cols , pero distinto. Entonces pienso: la hemos cagao. En el próximo hotel más cool me veo durmiendo en el techo, comiendo en la pared y cagando en el filo de la navaja.
Empiezo a estar un poco harto de tanto hotel de diseño, donde casi nada funciona como debía funcionar y donde se necesita un manual de instrucciones para utilizar una habitación, donde el servicio es casi inexistente, con la excusa de la modernidad, y donde el trato es infame.
Francisco S. Rico, hotel El Milano Real

Mirar. Sentir. Soñar. Volver a mirar. Saber que miramos. Reconocer el horizonte. Asir lo inalcanzable. Imaginar lo remoto. Comprender lo inmediato. Atraer, retener, emprender. Humedecer con lágrimas el pañuelo que estamos a punto de arrojar a la papelera cuando el viaje ilusionado se agota y otra isla nos va reclamando ya el despertar de un nuevo sueño. Escapar. Y mirar, mirar, mirar.



