¿Alguien ha pensado en la generación geek como un cliente del hotel? Seguro que sí, porque es la clientela que está por venir, los huéspedes del futuro. Sentidos, experiencias, emociones… Ellos también son hedonistas y exigen estos placeres como condición de su viaje. Son jóvenes sin complejos ni problemas de bolsillo y gozarán de un patrimonio generoso dentro de unos años, cuando sean definitivamente mayores.
¿Sin complejos? Bueno…, los habrá que se sientan incómodos en un hotel que no les ofrezca los bártulos apropiados para su ocio y su negocio. Porque los hoteles de las nuevas generaciones habrán de disponer de espacios y mobiliario adecuados para seducir a estos hijos que navegan por Internet como pasea Pedro por su casa, que escuchan música encapsulada en terabytes, que utilizan los mandos de un videojuego con mayor virtuosismo que Han Solo en la Guerra de las Galaxias, que transfieren sus fotos y sus videos en el mundo Flickr, Myspace o YouTube… En fin, que trabajan igual desde casa que desde el hotel. No son extraterrestres. Son hijos de cada quisque. Y demandarán su propio espacio, como el que presento en esta imagen tan futurista de un puesto de trabajo para geeks. ¿Serán así las mesas de trabajo en las habitaciones del futuro?, te preguntarás.

Por qué no. Yo tengo una workstation muy parecida en mi oficina de Madrid y aún no me he instalado del todo en el futuro…
¿No será más bien que alguno anda con retraso?
Fernando Gallardo















¿Dónde nos hemos alojado el grupo de amigos que íbamos y yo? Pues a lo mejor que nos hemos encontrado. Nada para turbar los sentidos. En Acebedo estuvimos en
Esto es lo que son todos los hoteleros, arquitectos y diseñadores -y algún que otro consultor turístico allende los mares- que durante esta última semana se han suscrito a este foro. El otro día comprobé la estadística, por aquello de saber cómo nos va en el recién nacido de Internet, y resultó que unos 600 profesionales de la cosa habían husmeado el olor de lo que aquí se está cociendo. Pues muy bien, ¿no?
A mediados de agosto saltaré al desierto de Atacama con la intención de echar un vistazo a un nuevo hotel propiedad de Miguel Purcell, uno de los empresarios chilenos más audaces y que me acompañará después en nuestro Taller de Arquitectura de los Sentidos, que se celebrará en Valparaíso. Conocí a Purcell hace 15 años, en el hotel que hizo construir su padre en la estación chilena de Portillo, donde se llega a esquiar a 5.000 metros de altitud. Ahora su hijo se ha destetado con este deslumbrante visor del desierto atacameño, el hotel Tierra de Atacama, en los exteriores de la pintoresca localidad de San Pedro de Atacama. Cuando lo vea prometo contar en esta página cómo ha sido la experiencia y si colma todas mis expectativas.

